Una vista atrás al 2019

Se acaba el mejor año de mi vida. 

Hoy es 31 de diciembre y no puedo sentirme más orgullosa de todo lo que he aprendido durante este año.

No sé cuánto tiempo llevo sin publicar. La verdad es que ahora estoy metida en otro proyecto y no tengo tiempo para dedicar a este blog, pero sin embargo no he pensado cerrarlo. 

Hoy me he levantado, he escrito estas palabras y no sé por qué, he decidido publicarlo por aquí. Puede que no lo lea nadie, pero si alguien lo hace espero que le ayude a enfocarse tanto como lo he conseguido yo en este año.

Así que voy a publicarlo tal cual lo escribo, sin revisar, ni editar, ni ordenar. Quiero que mis palabras te lleguen tal y como me van viniendo a la mente. Solo así, entenderás todo lo que siento.

 

Una vista atrás

El año pasado a estas alturas sabía que iba a pasar algo, no sabía el qué, ni siquiera me imaginaba que iba a dejar el trabajo o que iba lanzarme a montar mi propio negocio. Pero sabía que algo iba a cambiar, algo iba a suceder algo que conllevaría un cambio por completo de mi vida. 

Y joder, sí lo ha sido.

Mi primera decisión fue dejar de fumar, he estado 5 meses sin fumar y me he dado cuenta de la dependencia mental que  suponía. Y a pesar de haber vuelto, este año lo voy a empezar igual. Dejando de fumar.

Me dejé el trabajo, sin saber lo que me deparaba el futuro. Sin tener ningún plan establecido ni ningún rumbo fijo. Lo único que sabía es que no iba a quedarme donde estaba, una vida que no me hacia feliz. No quería seguir levantándome cada mañana preguntándome si realmente la vida era así, si ya había conseguido lo que se supone que es la vida: tener un trabajo estable “de lo mío” y esperar a que sucedan cosas.

He estado mucho tiempo pensando cada día que no podía ser, que la vida era imposible que fuese así. Que yo tenía mucho más potencial y poder para hacer cosas más grandes, necesitaba sentir que estaba explotando todo mi ser. Todo mi poder.

Y dije adiós sin saber lo que iba a pasar.

Ahora mismo estoy ecirbiendo estás palabras emocionada, con las lágrimas en los ojos de la felicidad y satisfacción que me supone estar donde estoy ahora mismo.

Mi mente empezó a abrirse cuando hice el primer viaje sola de mochilera a Escocia. 

Nunca antes me había atrevido a irme 20 días sola en pleno invierno a un país desconocido sin ningún plan escrito. Tenía muchos bloqueos. Tenía ansiedad, inseguridad, miedos, muchos miedos. Pero me fui.

Recuerdo en el vuelo de ida que tenía a una chica al lado, no sé cómo empezamos a hablar, le conté mi historia y me preguntó qué es lo que iba a hacer ahora, en mi mi futuro. No supe responder, y me puse a llorar. 

En ese viaje empecé con mucho amor este proyecto de blog que desató mi creatividad e inspiración de escribir. Empecé a meditar y practicar yoga de una forma consciente y respetando mi cuerpo. A disfrutar de la naturaleza y los pequeños detalles como no antes lo había hecho. Ese viaje fue la puerta hacia una nueva dimensión.

Luego fue el viaje a centroamérica. Acepté mis miedos, los abracé y los trabajé. Juro que nunca me había enfrentado a una realidad tan auténtica.

Mi meditación subía de nivel conforme pasaban los días. Llegué a conectar con la tierra, a sentir su vibración, a escuchar al mundo, los animales y los corazones de las personas. Sentí la más pura libertad.

Volví, pero nunca de la misma forma. Desprendía luz en mis ojos y hasta crecí, no solo de alma sino de centímetros. De locos.

Este año ha sido mágico, han sido 365 días donde me he sentido siempre libre, eligiendo yo lo que quería hacer. Aprendiendo de mi misma y de mi entorno. 

Y de repente ha pasado tan rápido, parece mentira. Lo tengo todo en los labios aún. Puedo sentir cada experiencia que me ha hecho crecer como persona y por eso he querido escribirlo y compartirlo aquí.

Me he hecho autónoma y estoy trabajando para crear mi propio negocio, con mis propias reglas y mi propia vida. Soy tan feliz y quiero dar las gracias al universo por todo lo que me ha dado y he aceptado. Gracias, gracias, gracias.

No puedo parar de escribirlo y mandarlo al cielo. Y puede que quede muy mística, pero Ludovico me está ayudando con la inspiración.

Quiero dar las gracias a la vida, a mi familia, a mis amigos y a mi misma por todo lo que me llevo. Estoy deseando que acabe el año para dar las gracias y sentirme satisfecha del cambio positivo que me acerca cada vez más a mi yo.

Os prometo que nunca antes otro año había acabado tan orgullosa de lo que había elegido hacer. Parece triste, pero es la verdad. Cada año que pasaba era un año más, no lo celebraba o por lo menos ahora me doy cuenta de que no tiene nada que ver con lo que estoy sintiendo ahora mismo. 

El año pasado tuve la sensaciñon fuerte de que este año iba a ser diferente. Y lo mejor, es que ahora mismo tengo exactamente la misma sensación. 

Estoy preparada para este nuevo 2020. Estoy preparada para vivir.


Si esto te llega, te deseo un feliz 2020 y una feliz VIDA.

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